Por Janice Fine
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| Janice Fine, Profesora Adjunta, estudios laborales y relaciones de empleo, Universidad Rutgers |
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Entre los meses de marzo y mayo de 2006, un poderoso movimiento abogando a favor de los derechos de los trabajadores inmigrantes hizo su aparición en público. Más de un millón de trabajadores inmigrantes de bajos salarios, indignados por un proyecto de ley presentado en la Cámara de Representantes que hubiera criminalizado su presencia en los Estados Unidos y la de todos aquellos que les ayudan a sobrevivir día tras día, salieron de las sombras y marcharon en masa por las calles de nuestra nación.
En ciudades principales y barrios residenciales desde Los Angeles hasta Long Island, Nueva York, notables escenas tomaron lugar cuando los trabajadores indocumentados, por mucho tiempo escondidos de la vista pública, en los ranchos, granjas, factorías y campos de cultivo de la nación, se despojaron de sus mantos y velos de oscuridad, pusieron de lado sus herramientas y declararon “somos trabajadores, no somos criminales.”
En el día Primero de Mayo, cerca de un millón de inmigrantes participaron en la más grande huelga política presenciada desde la realizada al término del siglo diecinueve a favor de la jornada de ocho horas de trabajo. La AFL-CIO y muchas uniones internacionales han abrazado ese movimiento y han apoyado con dramática fuerza y entusiasmo una amplia reforma de inmigración. El apoyo del movimiento laboral para ese cambio de política nacional es de crítica importancia. ¿Pero más allá del apoyo para la reforma de inmigración, están las uniones americanas dispuestas a tomar ventaja de la más grande oportunidad para crecimiento de membresía que ellas han encontrado en décadas? ¿Están esas uniones preparadas culturalmente y estructuradas dentro una adecuada organización para admitir a estos trabajadores en masa a los rangos del sindicalismo organizado?
Muchos trabajadores inmigrantes de bajos salarios en los Estados Unidos hoy día trabajan en industrias donde hay pocas o ningunas uniones a través de las cuales ellos pueden hablar y actuar para efectuar un mejoramiento en su estándar de vida.
Dentro de esta nueva brecha, nuevos métodos de organización han luchado arduamente para emerger. El centro de trabajadores es un prometedor ejemplo de tales instituciones. Estos centros, basados en la comunidad, son instituciones de mediación que suministran apoyo a las comunidades de trabajadores de bajos salarios quienes abrumadoramente son inmigrantes.
La mayoría de los centros suministran servicios, primeramente y más importante aun en asistencia legal sobre temas relacionados con el empleo y clases de Inglés como Segundo Idioma (ESL), pero ellos también juegan un importante papel de casamentero en introducir a sus miembros a servicios disponibles a través de otras agencias tales como clínicas para la salud. Muchos funcionan como centros de intercambio de información sobre leyes de empleo—escribiendo y distribuyendo folletos titulados “conozca sus derechos” y hojas de datos y realizando talleres informativos. Ellos desempeñan investigaciones de fondo y exponen públicamente condiciones de explotación existentes en industrias de bajos salarios y tratan de hacer cumplir la Ley de Normas de Prácticas Laborales, la Ley de Salud y Seguridad Ocupacional (OSHA) y otras reglamentaciones sobre el empleo. Un enfoque principal es la identificación de abusos que existen en industrias varias y realizar funciones cooperativas con agencias gubernamentales para diseñar estrategias de más efectiva aplicación. Los centros también están involucrados en campañas de organización.
Los centros han tenido que diseñar estrategias creativas para ganar mejoramientos para los trabajadores de bajos salarios bajo circunstancias en industrias que tienen una alta rotación de trabajadores y relaciones de empleo no permanentes. Ellos han tenido un éxito significativo en el mejoramiento de las condiciones de trabajo y en el aumento de salarios a través de acción económica directa contra empleadores e industrias y a través de iniciativas de políticas públicas a nivel local y estatal. Parte de su poder se deriva de su capacidad de organizar una base de la clase trabajadora pobre para que ellos mismos se expresen públicamente sobre sus propias experiencias. Escuchando directamente a los trabajadores sobre sus problemas ha tenido gran impacto en funcionarios locales elegidos y en residentes en la comunidad, convenciéndolos a que adopten posiciones empáticas, a medida que éstos han conectado su propio pasado como inmigrantes al de aquellos que ahora están llegando por primera vez.
El número de centros de trabajadores en los Estados Unidos ha aumentado significantemente en los últimos años pasados, haciendo un paralelo con el flujo de crecimiento de grupos específicos de inmigrantes que entran en grandes números a los Estados Unidos, así como también con la disminución de influencia de las uniones laborales. En 1992 había menos de cinco centros por toda la nación; en el 2006 hay por lo menos 140 centros de trabajadores en más de 80 ciudades, pueblos y áreas rurales en los EE.UU.
¿Cómo han trabajado los centros de trabajadores con las uniones? Hasta el momento, no muy cercanamente. Solamente 14 por ciento de centros de trabajadores en una encuesta que yo realicé en el 2003, tuvieron una directa conexión con las uniones y con campañas de organización realizadas por las uniones. Nueve por ciento de los centros de trabajadores en la encuesta fueron fundados explícitamente para llenar la brecha creada por la disminución del poder e influencia de las uniones en ciertas industrias en particular, pero dichos centros no fueron fundados por las uniones. En muchas instancias, los centros de trabajadores han solicitado la ayuda de las uniones abogando a favor de trabajadores interesados en obtener representación sindical; pero ellos han luchado con dificultad para encontrar una unión que esté dispuesta a aceptar a esos trabajadores como miembros.
Es fácil entender, que dada la situación que ellas enfrentan, las uniones que son más hábiles en la organización de trabajadores in industrias de bajos salarios escogen sus objetivos de organización cuidadosamente y entonces se enfocan exclusivamente en esas campañas. Ellos rechazan la organización reactiva—menospreciando el acercamiento llamado “taller caliente”, por el cual las uniones responden a talleres que buscan sindicalización, sin tomar en consideración si los mismos encajan o no dentro de la industria principal que sirve la unión. Además, las uniones tienen más interés en enfocarse en trabajadores cuyas relaciones de empleo puedan ser vinculadas a grandes corporaciones (a través de cadenas de subcontratistas que proveen empleo). Pero este acercamiento deja de lado a muchos de los trabajadores inmigrantes de bajos salarios que llegan a los centros de trabajadores y que en muchas ocasiones trabajan en industrias de alta competitividad caracterizadas por pequeños empleadores, subcontratistas y relaciones de empleo de corto término (abrumadoramente en el sector privado).
Para lidiar con estas situaciones, las uniones deben trabajar con los centros de trabajadores para mejorar los estándares laborales en general, a través de iniciativas de política pública y de mejores estrategias de cumplimiento con las leyes. Ellas también deben trabajar conjuntamente para desarrollar nuevos modelos de membresía y organización que les permitan a ellas suministrarles a los trabajadores de bajos salarios los beneficios que tradicionalmente las uniones de oficios y artesanía han conseguido para los trabajadores de la construcción y la industria del entretenimiento.
Para responder a las condiciones existentes en las industrias de bajos salarios de hoy día, las uniones deben crear modelos de organización permanente que atraiga a trabajadores a la membresía sindical a través de una multitud de empleadores y equiparlos con la voz, comunidad política, estabilidad, capacitación y acceso a beneficios que ellos no pueden obtener de sus empleadores.
Yo no estoy sugiriendo que las uniones se embarquen en actividades de tontería—es decir, realizando tradicionales campañas de organización en lugares poco hospitalarios. Pero si estoy sugiriendo que hay maneras para ofrecer una membresía significativa dentro del movimiento laboral a los trabajadores de bajos salarios cuyos empleadores no son tradicionalmente objetivos de organización por parte de la unión. No estoy hablando del concepto “miembros asociados”, con el cual muchas uniones experimentaron hace una generación pasada, pero sí sobre un modelo robusto de membresía completa que no esté simplemente basado en una relación de largo plazo con un solo empleador. Hay demasiados trabajadores que viven esta situación hoy día para que las uniones actuales no puedan hacer esfuerzos para acomodarlos.
En adición a los modelos nuevos de membresía, deben de existir métodos para que los centros de trabajadores como organizaciones puedan afiliarse a las uniones si ellos así lo escogen, por medio de la concesión de cartas constitutivas como uniones locales de las uniones internacionales o afiliarse directamente como uniones locales de la AFL-CIO.
El primer paso a dar para cerrar esta brecha debe ser que el movimiento sindical organizado deje de considerar a estas organizaciones de una manera instrumental—solo tomando en consideración sus beneficios a corto plazo. Las organizaciones que están suministrando servicios, defendiendo y organizando a trabajadores de bajos salarios están desempeñando funciones que son esenciales para el movimiento laboral del siglo 21. Ellas deben ser bienvenidas a los rangos del movimiento labor organizado.
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Janice Fine, Profesora Adjunta en el Colegio de Administración y Relaciones Laborales de la Universidad Rutgers, fue una investigadora principal en un estudio nacional de centros de trabajadores inmigrantes realizado por el Instituto de Política Económica del año 2003 al 2005.